El regulador chino frena las salidas a bolsa de las fábricas de robots humanoides después de que sus valoraciones se recortaran entre un 30 y un 50 % en rondas privadas. La sospecha es que buena parte de sus ingresos no viene de clientes reales, sino de pedidos del Estado y de sociedades con gobiernos locales; sin ese dinero público, la valoración se hundiría entre un 60 y un 70 %.
«Cuando el dinero fácil infla algo sin negocio real debajo, el pinchazo llega igual.»