Con Hormuz cerrado de facto desde el 28 de febrero —seis barcos el 6 de septiembre frente a ochenta y cinco diarios antes de la guerra—, los hutíes se han quedado con la costa yemení del mar Rojo y controlan Bab el-Mandeb. El titular habla de petróleo, pero la tesis del informe es que la segunda cerradura anula el apaño por el que llevaban seis meses saliendo azufre, amoníaco, urea, potasa y fosfato. ICL saca potasa y bromo del mar Muerto, pero su salida natural hacia Asia, el puerto de Eilat, está prácticamente muerta desde 2024. Todo sale ahora por el Mediterráneo, que funciona muy bien para Europa y Brasil y bastante peor para el cliente asiático.
«Sin puerta al mar Rojo.»