Cinco episodios sirven de mapa, y ninguno terminó porque alguien arreglara las cuentas públicas. En 1994 el 10 años pasó del 5,19 % al 8,04 %, con Orange County entre los cadáveres, y el techo llegó el día que el tramo corto aceptó el escenario duro: la Fed subió 75 puntos básicos y la curva 30-2 se comprimió a menos de 20. En 2003 fue puro flujo de coberturas hipotecarias y se paró solo. En 2013, la rabieta del taper terminó con el anuncio real del recorte y 2014 fue un año excelente para la duración. En 2022, el Banco de Inglaterra comprando gilts marcó un suelo falso: el bono estaba en el 5 % un año después. Y en 2023, el más parecido al de ahora, el Tesoro desvió la emisión hacia letras y un dato de empleo flojo llevaron el 10 años del 5,02 % al 3,79 % en diez semanas. El calendario que marcan: IPC de agosto, la Fed el 15-16 de septiembre, el Banco de Japón el 17-18 con el yen cerca de 160, las subastas largas y el crudo.
«La cuarta opción, la de un gobierno recortando gasto y calmando a los acreedores, no aparece ni una sola vez en la muestra.»
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